viernes, 12 de octubre de 2018

La Filosofía del Perdedor, un antídoto contra la enfermedad moderna del éxito




 “May I never be complete. May I never be content. May I never be perfect.”  ― 

“I thought, ‘Man, I’m the worst rapper in the world, I’m just a loser.’ So I started singing ‘I’m a loser baby, so why don’t you kill me.’”
Beck mientras creaba la canción de "Loser"


El éxito es el fetiche laico de la modernidad. El ciudadano promedio de la vida urbana lo estará buscando todo el tiempo. Su procedencia es totalmente subjetiva, pues depende del individuo y sus carencias para determinar que es lo que considera un éxito. Si estudiar una carrera implica muchas dificultades, una persona pensará que estudiar es parte del éxito. Otra persona descendiente de una familia rica creerá que el éxito se determina por la fama y las empresas que genere. Un exiliado venezolano se imaginará que comer adecuadamente tres veces al día es parte de un éxito anhelado. 

Este fetiche es exacerbado por nuestro modelo económico. En el medievo se sabía la perspectiva de futuro de una persona desde el momento de su nacimiento. El férreo control filosófico del cristianismo de la época disuadía a cualquier inconforme de su posición social en el mundo con un simple razonamiento "Naciste peón y querer pensar en ser Rey es pecado y un atentado contra la asignación divina" Razón por la que la gente no sufría angustia por sus carencias y deseos sin cumplir (eran la cruz que tenían que cargar). Ser un buen siervo era ser bien visto por la gran fuerza divina. Hasta que el cisma ideológico cristiano iniciado por Lutero empezó a crear sus propias interpretaciones de la Biblia, sin intermediarios institucionalizados. Motivo por el cuál ahora se podría crear una interpretación propia de nuestro lugar en el universo según lo que entendiéramos del "gran libro". 

Pasar de una sociedad fuertemente estratificada a una meritocracia tuvo sus consecuencias. Las acciones individuales adquirieron una fuerte importancia. Bajo un sistema legal que daba igualdad de derechos a todos los individuos también se formó la idea de que también nuestras oportunidades de triunfo serían las mismas. Esto aunado a que la maquinaría económica funciona mejor si tiene individuos motivados por crear y generar productos. Si a esto se suma la entrada de los medios masivos a la psique mundial, el resultado es la reproducción masiva de una forma de pensar. Ahora todo es posible, "el mundo es un mar de oportunidades".


Esto nos ha llevado a una modernidad llena de depresión, soledad y suicidios. Aunque la calidad de vida se ha elevado gracias a que tenemos todos los lujos que antes solo estaban destinados a los reyes, la bendición trajo consigo su lado oscuro. No tenemos a nada ni a nadie a quien culpar de nuestras desgracias y nuestros tropiezos. Ahora vivimos con un gran dolor que solo se calma mediante las drogas o la muerte. Se crean paradojas en países como Dinamarca, quien constantemente aparece en los rankings de los países más felices del mundo pero a la vez es uno de los consumidores más grandes de antidepresivos. De igual forma países que han elevado su Producto Interno per Capita como Corea del Sur también han elevado los niveles de suicidio en su población. Fallar o perder para algunos se está volviendo sinónimo de muerte física. La vergüenza se convierte en un peso que no pueden cargar.

We are the champions?

Todos los días nos alimentamos por las redes sociales y lo que ahí se postea. Instagram, por ejemplo, es una red cuyo principal propósito es presumir nuestros logros materiales. La imagen y el video son los medios más fuertes para transmitir significado y anhelo. Es la plataforma por excelencia de las aspiraciones. Millones de cuentas buscan demostrar lo excitante que es su vida a través de viajes, joyas, posesiones o su físico. Incluso una inocente foto de algún famoso descansando en casa es muestra de la riqueza del tiempo libre. La vida en Estados Unidos acentúa todavía más estos comportamientos mediante reality shows como Keep on the Kardashians o Jershey Shore. Esto crea la apariencia de que vivimos en un mundo en donde la mayoría son "campeones de su propia vida". Un mundo lleno de snobs que miden la valía de las personas por el éxito que hayan alcanzado.


La gente más exitosa del mundo ahora poseen los medios para que casi cualquier persona sepa de su existencia. Su mensaje es más fuerte y su historia se vuelve una receta que otros buscan replicar. El mundo de ganadores alimenta a una enorme mundo de perdedores que todos los días anhelan un pedazo de ese éxito. Muy pocos logran emular a sus ídolos. Otros tantos se pierden en el camino, y unos más simplemente desaparecen del mundo mediático. Una parte más logrará el éxito mediante el escándalo, lo bien proporcionado de su cuerpo o la constancia para replicar sus vivencias en las redes.
La otra gran mayoría permanecerá en un relativo anonimato durante el resto de su vida.

Gran parte del problema es que nos hemos acostumbrado a pensar en el éxito como una condición sine qua non de nuestra vida moderna. Situación que está llevando a muchos al precipicio.



¿Quienes son los perdedores?


Los perdedores modernos tienen características muy específicas. Quizá la primera de ellas es la falta de atributos socialmente deseados: fama, belleza, dinero, inteligencia o carisma. Es la vida bajo la línea del anonimato y la falta de atención social. Algunos de estos perdedores poseen ciertos atributos anteriormente mencionados pero los pierden o apenas los mantienen a flote. La juventud, por ejemplo, es un atractivo social temporal que después de un tiempo se pierde. Algo similar puede suceder con otros atributos como el dinero, la fama y el carisma.

Lo irónico de la vida de los perdedores es que un día empiezan a adquirir un atributo que los hace perder su condición. Ganan poder, dinero o belleza por mérito propio o por suerte. Pero carecen de alguno de los demás atributos que equilibrarían su éxito. Años más tarde, su caída en el agujero infinito de los perdedores es todavía mayor. Cometen un error pequeño que poco a poco se vuelve más grande. Se tiran a las drogas gracias al dinero que poseen, o si es una bella chica, esta tiene hijos con uno de los tantos hombres que la perseguía. Termina como madre soltera o con un matrimonio lleno de frustración y conformismo.

Bajo estos parámetros, todos somos perdedores en potencia. Y este es el punto clave de este post. Una condición tan común no debería llevar una connotación tan negativa. La mayoría debería asumir su posición temporal o eterna de perdedor. Y no debería darnos pena, sino alegría, pues ser un perdedor abre la ventana a un mundo de actitudes que alguien con parte (o todos) de los atributos del exitoso difícilmente podrá tener. Dejen los ilustro con algunos ejemplos:



Anonimato


Opiniones, pensamientos e ideas en la era de la marca personal no son la gran cosa. Esto debido a que vivimos en una época en la que todo mundo habla y la atención de unos hacia otros es corta. En términos de Byung-Chul Han, vivimos en un enjambre en el que "todos hablan y nada se entiende, como en un panal de abejas" la hipercomunicación causa un ruido en el que la permanencia de las palabras se reduce o nulifica. Esto se suma a los alto niveles de población mundial, el valor personal se reduce considerablemente. Es por eso que Tyler Durden enfatiza el miedo en el narrador de convertirse en una estadística. Cuando la gente se une a un movimiento (como la operación Mayhem en la película) las personas pierden su identidad por completo. Ahora operan como piezas desechables que tienen un fin todavía mayor. En Fight Club se desata una guerra de perdedores contra aquellos que dominan la sociedad mientras se sirven de ellos.


La ventaja del anonimato es que produce expectativa y libertad. La primera nos brinda la oportunidad de pintar una nueva imagen de nosotros frente a desconocidos. Tenemos la capacidad de presentar diferentes facetas y no ser encasillada en ninguna. Para los famosos esto se vuelve complicado. Solo viajando a un lugar remoto o fuera de su fama podrían conseguir este anonimato, pero en un mundo globalizado esto cada vez es más complicado. El perdedor siempre está perdido en un mar de anonimato, con toda la libertad del mundo para asumir la vida en diferentes facetas sin la ansiedad de ser criticado por la sociedad.



Ansiedad y estrés

Uno de los perdedores por excelencia de la Grecia Antigua era Diógenes. El padre de la filosofía cínica nunca obtuvo el éxito de su contemporáneo Platón. En parte fue debido a las acciones que tomaba para hacer válida su filosofía: asumirse como alguien con poca importancia y mucha libertad. Molestaba a otros intelectuales por su seriedad y desprestigiaba la filosofía teórica. Mediante actos públicos demostraba su forma de pensar y vivir. Michel Onfray ve en el filósofo del barril como un médico de la civilización cuando el malestar desborda las copas y satura la actualidad. "El cinismo filosófico propone una gaya ciencia, un alegre saber insolente y una sabiduría práctica eficaz".

Diógenes  propone una medicina amarga y fresca a la vez. La ruptura de todo anhelo de importancia propia. La forma más rápida y eficaz para vencer la ansiedad y el estrés.

La máxima  del cínico  es "no ser  esclavo de nada  ni  de   nadie  en  el pequeño universo donde uno  halla su  lugar".
Perder también significa tener menos. En mundo moderno de acumulación, esta condición suena negativa. Ganar significa administrar, cuidar, proteger lo que atesoramos. Por eso Diógenes guardaba muy pocas posesiones. Lo libraba de la ansiedad y el estrés mientras que le daba el tiempo necesario para practicar su filosofía. Los perdedores son cada menos ricos, menos famosos, menos bellos y menos sabios. Sin embargo, traducen su condición en ganancia, obtienen felicidad y descanso. Se sienten libres y tranquilos.

Empatía

En un mundo de perdedores, la empatía con otros es más fácil de obtener si encontramos a muchos como nosotros. Un sentimiento de familiaridad surge entre desconocidos cuando comparten deuda bancarias, amores perdidos y desgracias sociales. La mala suerte no se codicia y en un hombre empático genera más compasión que risa o burla. La similaridad de nuestros amigos "perdedores" nos produce también miedo, pues su desgracia puede ser nuestra en el futuro. Esta idea ya la hemos desarrollado en el post de héroes trágicos.

La empatía se incrementa conforme conocemos a otros perdedores trágicos. Algunos de ellos cuentan con una historia que inspira y aterra a la vez. Tuvieron dinero, fama o el amor perfecto, pero un percance o error minúsculo les quitó lo que tenían. Otros, por una combinación de su condición social y malas influencias, sabe que estará condenado hasta que muera.


La filosofía del perdedor


La base fundamental de la nueva filosofía del perdedor es ansiar el éxito y el fracaso por igual. Estar expectante de lo trágico, que seguramente estará en su futuro, y que si la diosa Fortuna se asoma milagrosamente, sabe que sólo coqueteará por un momento y lo más probable es que se vaya con alguien más después de un tiempo. La condena de un perdedor puede iniciar desde su nacimiento, ya sea por su falta de estética física o las condiciones socio-culturales que favorecieran su suerte. A su vez también hay perdedores por circunstancias. En la literatura, por ejemplo, tenemos el caso de Harry Potter. En un inicio era un niño "perdedor" con una familia que lo despreciaba y maltrataba. Su primo Dudley inició como un niño con suerte y dejaban a Harry como el desgraciado. Las desgracias se dan para ambos pero para Potter, estas se vuelven parte de su fortaleza mientras que para Dudley estas se terminan convirtiendo en su perdición. 

Fracasar o perder es más un leitmotiv que una rareza. Llega y se va como la gripa. Aunque a veces se pierde de vista, deambula por ahí, a escondidas, cerca de nosotros. Esperando a que cometamos un error tras otro. Sin embargo, la filosofía posee algo de estoicismo, sabe la importancia de soportar las desgracias con el mejor humor posible, sabiendo que no todo está bajo su control y solo su mente es aquello que puede pensar las cosas de otra manera. Un perdedor también tiene la opción de buscar el éxito mientras que se cumplan dos condiciones: que nunca le genere ansiedad y que sepa las verdaderas posibilidades de triunfo. Debido a la subjetividad del éxito, existen metas con métricas posibles, mientras que otras son una posibilidad remota.

Bajo esta nueva filosofía, el perdedor debe cantar sin público, escribir sin ser publicado, estudia y reprueba constantemente. Tira proyectos de  muchos años con una sonrisa mientras que también le alegra un golpe de suerte. El perdedor entiende que sus atributos pueden no ser apreciados por la gente y aún así disfruta de ellos. El perdedor atenta contra el snobismo haciendo amigos (o conservando los actuales) sin importar su condición social. Sostiene una moral benévola y sabe que no hay peor perdedor que aquella que atenta contra la vida y el bienestar de otros solo por envidia o resentimiento. Es un Henry Chinaski en la novela de la Senda del Perdedor de Bukowski, cuenta todas sus desgracias con estoicismo y empatía por los miles de millones de personas que comparten su mundo.


Perdedores de la historia
 
 En la historia tenemos una gran cantidad de casos que van de la miseria a la grandeza y viceversa. Quizá el arquetipo del perdedor de la cultura occidental es Edipo. hijo de la realeza, tal como indica Aristóteles en su poética, comete un par de errores y termina en la ignominia. Pobre, ciego y caído en desgracia. Más adelante tenemos a Aníbal, el general cartaginés que declaró una guerra larga y definitiva contra Roma. Sin embargo, la meta final, el punto clave de toda la campaña nunca pudo ser alcanzado. Después de Zama, Aníbal se convierte en el perdedor perseguido y frustrado por no asestar el golpe final a un enemigo que cobró venganza con intereses.

Marco Craso también es otro buen ejemplo. Uno de los hombres más ricos y prestigiosos de Roma comete el error de competir con Pompeyo por fama militar. Usa todos sus recursos para apostarle a una guerra que le cobra la vida y le deja final desastroso para su historia personal: su cabeza como artefacto de uso teatral.

En la modernidad también podemos considerar a personajes de mucha importancia que terminaron muy mal. Uno de ellos fue Nikola Tesla, quien tenía una inteligencia enorme y una visión de lo que podría ser el futuro mediante la electricidad. Sin embargo cometió múltiples errores a la hora de hacer tratos con él y en su competencia con Thomas Alva Edison perdió gran parte de su fama. Fue olvidado por los medios, vivió sus últimos años en pobreza y terminó de amigo de una paloma. Fue hasta el siglo XXI que su legado fue reconocido.

_______________________________________

Si quieres apoyar este blog puedes aportar mediante Patreon en este link:

https://www.patreon.com/rebelionantigua




No hay comentarios.: