martes, 29 de agosto de 2017

Sobre el minimalismo y la obsolencia programada



"There is no rule that says financial sucess must mean that you live beyond your means. Remember: humans can be happy with very little"
Ryan Holiday
The Daily Stoic
"The things you own end up owning you."
Tyler Durden
De la película Fight Club 

Uno de los problemas de la modernidad es el exceso de pertenencias. Gracias a la economía de libre mercado, ahora es posible atiborrarse de una gran cantidad de objetos tanto inútiles como útiles. Aunque en México no se vive el consumismo a la misma escala que en Estados Unidos, si existe una cultura arraigada de comprar y almacenar. Incluso en los hogares de las familias más pobres es posible encontrar una gran cantidad de pertenencias que no sirven, son viejas o están descompuestas. Al capitalismo se le achacan sus peores males a pesar de que estos son a elección propia. Es decir, nosotros elegimos si queremos comprar y guardar o simplemente mantenerse con lo mínimo necesario.



La generación Millennial se ha destacado por revivir un movimiento de anticonsumo (o consumo responsable) llamado minimalismo. Lo que este movimiento promulga es la vida simple a través de los objetos que consumimos y la forma en que pensamos. Bajo el mantra de "menos es más" los minimalistas atacan el consumismo que degenera nuestra calidad de vida a largo plazo. El minimalismo requiere de cierta disciplina que no todos están dispuestos a aceptar. Y es que las posesiones han servido a lo largo de los siglos para determinar la posición social en la que uno se encuentra. En una visión muy subjetiva de la posición social, la gente hace uso de la ubicación en la que vive, el coche que posee, la tecnología que adquiere y el puesto que desempeña para poder determinar en que espacio del estatus social se encuentra.

Es por eso que un individuo promedio busca elevar su sensación de status social buscando mejorar alguno de los puntos anteriores. Una de las estrategias más buscadas es la compra de bienes por medio del crédito. La compra de un automóvil para alguien que no lo necesita supone una acción para elevar su propia sensación de valor ante la sociedad. Esto sucede con particular frecuencia en México, país que carece de nobleza y recurre al poder político y los bienes materiales para diferenciarse de los demás. Sin embargo, parte de la generación Millennial ha optado por recurrir al minimalismo para evitar caer en las trampas del consumismo: deuda e infelicidad.

¿Cuáles son las estrategias que usa un minimalista para reducir el estrés de su vida? Veamos que dicen los expertos.



Elimina todo lo innecesario

La forma más fácil de seguir este postulado es empezar con todas las cosas que tengas y ya no uses. La primera opción es la ropa. Casi todos poseemos algo que ya no usamos y continúa en nuestro closet. Puedes continuar con todas las cosas que tengas en tu recámara, casa, auto y mochila. Al igual que en otras formas de reacondicionamiento psicológico, la primera fase se trata de eliminar lo más fácil de eliminar y luego proceder con posesiones más complejas: trabajo y pensamientos.



No compres, repara

Una buena forma de combatir el consumismo es ejercer la cultura de la reparación. Extender la vida útil de las cosas que usamos de tal forma que no tengamos que comprar tan seguido. Esto aplica mucho a la tecnología, la ropa y los muebles de nuestra casa. Es luchar contra la hipótesis de la obsolencia programada de la cuál hablan muchos detractores del capitalismo. Según esta hipótesis, las empresas construyen bienes de consumo que ya tienen una fecha de caducidad que ellos conocen. Después de esta fecha, los productos empiezan a aparecer errores que no se habían manifestado. Esto obliga al consumidor a comprar nuevamente otro producto que la empresa ya está esperando que adquiera. 

Por suerte, gracias a internet, existen millones de personas combatiendo este problema. Y es que los manuales de reparación de un bien de están por toda la red. Incluso existe una página llamada iFixit que ayuda a personas de todo el mundo a darle instrucciones precisas para reparar algún equipo tecnológico. Esto es particularmente útil para celulares, laptops, tablets y PCs. La obsolencia programada para ser más evidente en este tipo de tecnología. 

De igual forma, reparar nuestra ropa, remodelar nuestra casa y reacondicionar nuestras posesiones puede hacer que alarguemos su vida útil más allá de lo que normalmente nos dura.  Por mi parte, he logrado que me duren laptops más de 5 años, celulares más de 3 años y otros productos electrónicos más de una década. Lo mismo con la ropa, que normalmente se maltrata de un sólo lugar y puede ser facilmente cosida o remendada. 



Un día sin tecnología

La época moderna sufre de una enorme dependencia tecnológica. Para un gran porcentaje de los usuarios de celular, es imposible estar un día sin revisar el correo o el Whatsapp sin generar ansiedad. Al igual que una droga, cuando perdemos nuestro celular sufrimos el mismo estrés que perdieramos dinero o una mascota. Filósofos como Alain de Botton y Tim Ferriss han hecho promoción del Digital Sabbath un día sin utilizar la tecnología o sin mirar pantallas. Entrar en modo avión y dejar el teléfono en casa. La idea es apreciar más cosas que nuestras actualizaciones en redes sociales o la última noticia del día. 

Programar nuestro teléfono para recibir solamente las notificaciones que más nos importan, evitar que produzca sonidos estresantes o incluso utilizar Google Calendar (u otro servicio) para que el teléfono solo emita sonidos y vibraciones en un horario determinado. Todas estas estrategias nos proporcionan una mayor salud mental y reducen el estrés de la vida moderna (o al menos lo reducen).

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