lunes, 23 de agosto de 2010

La Diosa Fortuna y el factor suerte (3)


En esta segunda parte veremos las otras características de la suerte que Max Gunther identifico en su largo trabajo analítico acerca de la fortuna en las personas.

2. El don del presentimiento (continuación)

El autor entiende las dificultades que pueden existir si uno se deja llevar siempre por el presentimiento. Es una habilidad innata que debe ser usada con precaución. Gunther esta seguro que es posible tomar riesgos y no ser siempre riesgoso al usar el don del presentimiento con exageración y poco análisis.
 He aquí las pautas a conocer antes de usar el presentimiento:

PRIMERA REGLA

Aprender a evaluar los datos básicos

 Cuando se tiene un presentimiento, debemos preguntarnos si hay hechos básicos al respecto. ¿Existe alguna posibilidad de que hayamos absorbido datos sobre esa situación en particular? Esta es la primera regla de los presentimientos. Un presentimiento es bueno si también lo es la suma de experiencias pasadas que lo origina. Es decir si nosotros tenemos nociones de que han sucedido cosas buenas o malas en experiencias que se han vivido previamente, se puede usar el presentimiento con mayor grado de éxito.

a) No se debe confiar en un presentimiento acerca de alguien que se acaba de conocer. La gente que suele padecer mala fortuna, continuamente  tiende a escoger una opción en la primera impresión. Si se conoce a una persona por media hora y se cree en su honestidad, buena voluntad e inteligencia como parte de un presentimiento, seguramente puede que este equivocado. Nunca se deben arriesgar las emociones o el dinero sobre la base de un presentimiento a primera vista.

b) Nunca emplee el presentimiento como pretexto para no trabajar. No tome decisiones para evitar el arduo trabajo de la investigación y búsqueda para la correcta toma de decisiones. Muchos realizan acciones basadas en el presentimiento para evitar el gasto de tiempo en el análisis. Esto puede llegar a ser una gran catástrofe si se realiza constantemente. En cualquier ocasión en que el lector actué de acuerdo con lo que crea que es un presentimiento, deberá preguntarse honestamente sino está simplemente inventando una excusa para eludir investigar o consultar a las personas que puedan responder a sus preguntas.  Un presentimiento sin tener una base de datos solidos no es un presentimiento racional.


SEGUNDA REGLA

Nunca se debe confundir un presentimiento con una esperanza


Si un presentimiento nos dice que algo es cierto, y que se desea intensamente que lo sea, se debe desconfiar de ese presentimiento. Muchos malos presentimientos no son otra cosa que buenos deseos disfrazados. Llegamos a pensar que algo ocurrirá y suele disfrazarse de un presentimiento cuando realmente es un deseo profundo de que realmente suceda así. Si llega a ocurrir, debemos incurrir en ese pensamiento llegando a descifrar si es posible que suceda de otro modo. El paso mas importante de todos es el primero: reconocer que se está en una situación en la que pueden confundirse el presentimiento y la esperanza. Cuando eso se reconoce, se tiende a ser mas cuidadoso.

TERCERA REGLA

Deje lugar para que crezcan los presentimientos

Para tener presentimientos solidos se deben escuchar los propios sentimientos, respetarlos, permitirles la oportunidad de expresarse. Esta regla es posiblemente la más importante de las tres. Las personas afortunadas, en general, saben instintivamente cómo llegar a las profundidades donde están enterrados los presentimientos. Las personas que tienen presentimientos instintivamente llevan a cabo ese proceso en cualquier decisión que tomen en sus vidas. 

3. LA FORTUNA FAVORECE A LOS AUDACES

Al principio esto parece una tontería. Es obvio que la Diosa Fortuna, aunque en ocasiones sea buena para los audaces, en otros casos los golpea despiadadamente. Sin embargo hay un hecho extraño. Como grupo, la gente afortunada tiende a ser gente audaz. Los hombres y mujeres mas tímidos que he encontrado en mis viajes también han sido, con algunas excepciones, los menos afortunados. ¿Porque ocurre esto? Podría señalarse primeramente que la suerte probablemente contribuya provocar la audacia. Si la vida no nos ha golpeado mucho, probablemente estamos más dispuestos a correr riesgos que alguien a quien la vida ha tratado con frecuencia de mala manera. Pero también sucede en sentido opuesto. La audacia ayuda a crear la buena suerte.

PRIMERA REGLA

Se debe estar siempre preparado para analizar las oportunidades de tener buena suerte en cuanto aparezcan en la vida. Las personas más afortunadas que he conocido no han vivido de ese modo rígido ni en linea recta sino más bien en línea quebrada. Es un error apegarse a una sola ruta. Se tiene que estar preparado para cambiar de dirección cuando se ve algo bueno. El doctor Charles Cardwell es profesor de filosofía en EU sugiere que debe hacerse una distinción entre las palabras "suerte" y "fortuna". El doctor Cardwell dice: "Se dice que la gente hace su propia suerte. Pero si definimos la suerte como suceso al azar, entonces la afirmación no es verídico. La suerte llega para todos. No hacemos nuestra propia suerte. La suerte viene y se va por su propia cuenta. Pero podemos hacer nuestra propia fortuna, estando alerta y usando astutamente la suerte".

SEGUNDA REGLA

Se debe conocer la diferencia entre audacia y temeridad

Si apostamos los ahorros de toda la vida en una aventura espectacular en la cual se corre el riesgo de perderlo todo eso es temeridad. Si se acepta una excitante nueva oportunidad de empleo aun cuando responda a la ruta trazada originalmente, aun así se tiene miedo de enfrentarse a lo desconocido, eso es audacia.  Los hombres y las mujeres que se llaman a sí mismos desafortunados suelen ser gente notablemente

Es cierto que cuando corremos riesgos, podemos perder. Pero tambien es cierto que nunca ganaremos nada sino participamos en el juego. Las personas afortunadas están conscientes de las posibilidades de perder y en ocasiones pierden.  Pero ya que los riesgos que corren son pequeños, las pérdidas tienden a ser pequeñas, e colocan en posición de obtener grandes ganancias. Tal vez al lector no le atraiga ni el juego ni la especulación, esto es un asunto personal. Pero si nunca compra un billete de lotería o nunca adquiere una acción en el mercado de valores, no tiene derecho a gruñir "algunas gentes son muy afortunadas, nada de eso me ocurre nunca". Sino le sucede es porque usted nunca ha entrado al juego.

La fortuna no favorece ni a los tímidos ni a los temerarios. (Los temerarios, sin embargo, por lo menos viven emociones al arriesgar). La fortuna favorece a los audaces porque estos operan desde un terreno firme situado entre esos dos extremos, la timidez y la temeridad.

TERCERA REGLA

No se debe insistir en tener un conocimiento total de antemano de cualquier situación a la que se pretende entrar

Cuando empecé a hablar a los afortunados y a los desafortunados hace muchos años descubrí pronto un hecho descorcentante. Con excepciones, las personas con sorprendente buena suerte suelen ser supersticiosas.Si se tiene una superstición, se debe de tratar como una amiga. Podemos reír de ella en público, si lo deseamos, pero en privado debemos mimarla. Nos ayudará a decidir cuál puerta debemos abrir. Vendrá en nuestra ayuda si se nos ofrecen dos empleos que aparecen igualmente atractivos con base en los hechos disponibles. O si se piensa estar enamorado de dos personas diferentes y se desea contraer matrimonio. O también si no se puede decidir a dónde ir de vacaciones.

Una superstición amiga no solamente ayuda a tomar decisiones en situaciones de escasos hechos comprobados. También aumenta la sensación general de confianza y competencia, las cuales son elementos de la audacia.

4. EL FRENO AUTOMÁTICO



El freno automático es un mecanismo que conserva las ganancias. Permite que una rueda gire hacia adelante pero evita que gire hacia atrás. La gente con suerte parece organizar su vida de modo análogo. Saben que casi cualquier aventura puede llevarlos a ganar o perder. Al principio es imposible saber a que lado girará la rueda. Pero si empieza a darse vuelta hacia el lado equivocado, los afortunados están preparados para detenerla, tienen la capacidad para salirse rápidamente de las situaciones que se deterioran. Saben cómo descartar la mala suerte cuando empeora. Sin embargo existen dos obstáculos a superar antes para aprender a usar esta táctica de las personas afortunadas.


PRIMER OBSTÁCULO


Es demasiado duro decir "estaba equivocado"

Un excelente ejemplo para este obstaculo es la compra y venta de acciones en la bolsa. Gerald M. Loeb fue uno de los inversionistas mas exitosos en Estados Unidos. Una de sus reglas para su buena fortuna era aplicar el freno automático cuando era necesario e incluso cuando no lo era. ¿ Como lograba esto? Cada que compraba acciones se permitia perder un 10% de su inversión si la acción iba a la baja. Muchas veces vendía una acción que volvía a subir nuevamente haciéndolo perder la ganancia, pero nuevamente hacia mñas movimientos de compra venta que le hacían eliminar este error constantemente y generar nuevamente posibilidades de ganancia. Según un estudio psicológico en 1973, no todas las personas eran capaces de hacer lo que hacia este inversionista, pues al realizar un movimiento de compra venta de acciones venia implícito una sensación del individuo por demostrar su brillantez en el movimiento, sin embargo, cuando la acción bajaba, la única opción que tenia la persona para constatar su movimiento financiero era esperar a que la acción subiera aunque tardara mucho y el comprador se sintiera satisfecho. Era duro para este accionista decir "estaba equivocado"

La necesidad de sentirse y parecer inteligente es sin duda universal, bien controlada puede producir resultados admirables, pero su se vuelve a tal grado apremiante que no nos permita, aun con toda la evidencia en contra, admitir que nos hemos equivocado, entonces esta necesidad se convierte en un factor de mala suerte. Se ha descubierto que la gente sin suerte a menudo se ve arrastrada hacia matrimonios y otras relaciones de largo plazo que desde el principio puede adivinarse que no funcionarán. Una acción rápida en el principio puede poner fin a la relación antes de que ésta se convierta en un embrollo, pero esa acción, desde luego, requiere que alguien diga "me equivoqué". La gente a menudo evita esto, ya que piensa, que de hacerlo, parecerá tonta y ridícula. Es triste pensar cuántos hombres y mujeres se encuentran atrapados en trabajos que odian. En muchos casos son personas que pudieron haber cambiado de empleo hace mucho tiempo, sin embargo, cuanto más tiempo permanece uno en un trabajo o carrera, más difícil es cambiar.

SEGUNDO OBSTÁCULO

Es muy difícil abandonar una inversión

Las inversiones pueden consistir en dinero, amor, tiempo, esfuerzo, compromiso, o en una combinación de varios o de todos estos factores. Como quiera que esté hecha, es algo apreciado, algo que debe protegerse. Si alguna empresa se vuelve amarga. la única manera de salirse de ella es abandonando lo que ahí se ha depositado, Esto duele, por lo menos tanto como admitir que se ha equivocado y en ocasiones mucho más. La gente con suerte tiene, en efecto, la capacidad para vender todo cuanto es necesario. Por lo general evitan verse atrapados en relaciones amorosas insatisfactorias; saben que es mejor romper tales relaciones antes de que se concreten en un matrimonio, aun cuando al hacerlo abandonen una inversión amorosa. Salen de las malas situaciones de trabajo sin esperar demasiado, aun cuando signifique dejar una inversión de su propio ser. Hay momentos en la vida en que se debe aceptar una pérdida pequeña para evitar una mayor. Es probable que si cuestionaramos a este respecto a todas las personas mayores de diez años, aceptarían que es verdad. Sin embargo, parece ser que sólo la gente con suerte vive de acuerdo con esta verdad.

Notemos un último aspecto sobre la audacia y el freno automático; se complementan uno a otro. Si es usted audaz, es probable que su mecanismo de freno funcione rápidamente y con decisión cuando lo necesite. Y si este último funciona bien, si confía en que no le dejará atrapado en algún mal lugar, este hecho servirá de apoyo a su audacia.

5. LA PARADOJA DEL PESIMISMO

Pareciera como si las personas afortunadas fueran muy optimistas. Increíblemente no lo son. Por supuesto las personas con suerte suelen ser felices. Las llamamos afortunadas y así se consideran por alguna razón han alcanzado objetivos personales que le son importantes. Con certeza podemos decir que la mayoría están contentos y satisfechos. Sonríen con frecuencia. Es agradable estar en su compañia. Pero sería aventurado llamarlos optimistas. Ser optimista es esperar los mejores resultados. Como regla general, eso no ocurre con las personas con suerte.

La mayoría de ellos tienen cierto pesimismo básico tan acentuado que resulta sorprendente. cuando se aprecia por primera vez. Cuidan amorosamente su pesimismo, lo defienden contra los ataques, lo ejercitan diariamente para conservarlo en buena forma. A veces de modo consciente y en ocasiones intuitivamente, lo cuidan como algo de valor.

El uso del pesimismo entre los afortunados puede expresarse en términos de dos leyes fundamentales. Estas dos leyes se complementan. Deben considerarse siempre juntas, ya que en realidad son dos partes de una misma ley. Sin embargo, en aras de la claridad, las separaremos para estudiarlas una por una.

Ley de Murphy

Si existe la posibilidad de que algo falle, tarde o temprano fallará

Nunca debemos estar seguros que somos los predilectos de la fortuna. En el momento en que la vida parece alcanzar su punto mas brillante, cuando la buena suerte parece protegernos contra todo, es cuando somos más vulnerables a la mala suerte. Es cuando la euforia debilita nuestro pesimismo. Si se aleja el pesimismo, estaremos en situación de peligro. Se baja la guardia. Se desconecta el mecanismo del freno automático. Se desprecian los pequeños presentimientos que tratan de decirnos lo que no queremos escuchar. Y entonces, repentinamente, nos encontramos de cara contra el suelo y con el pie de la diosa fortuna sobre el cuello.

La parte paradójica es que la gente que confía más en la suerte se cuenta entre los menos afortunados. Las personas afortunadas evitan los accidentes principalmente por ser pesimistas.
Un exhaustivo estudio de accidentes entre conductores de autobús llevado a cabo en África llego a conclusiones similares con respecto a la importancia del pesimismo. Entre los conductores que eran "malos riesgos" que habían tenido un mayor numero de accidentes se destacaba en su personalidad un exceso rango de optimismo. El conductor propenso a los accidentes tenía demasiada fe en: 1) su propia habilidad 2) el buen sentido y habilidades de los otros conductores, y 3) la suerte.


La ley de Mitchell

La vida es resbaladiza como un pedazo de jabón. Si se piensa que se le tiene bien aprisionada, es un error.

Los hombres y mujeres afortunados, de un modo mucho más amplio que los que no tienen suerte, están conscientes de que en cualquier momento pueden llegar a sus vidas sucesos imprevistos e incontrolables. Ninguna vida está totalmente bajo el control de su propietario. La gente con suerte es aquella que se adapta a este ambiente de incertidumbre. Ellos se preparan para sus oportunidades, se protegen contra sus amenazas. Como grupo, los afortunados no tienen ilusiones de que la vida sea ordenada, de que pueda planearse con precisión, y de que todo ocurrirá exactamente como se desea. El desorden de la vida les agrada y les excita, pero también irrita a otros, del mismo modo que irrita a los pocos afortunados. La diferencia es que los afortunados aceptan el desorden como un hecho que se debe considerar, ya sea que les guste o no.

También sucede en los asuntos de la vida como un todo. Si nos aferramos a una ilusión de control, quedamos expuestos a dos clases de peligros. El primer peligro es que no se establecen defensas contra la imprevisible mala suerte que en cualquier momento puede arrebatarnos el control de las manos. El segundo es que, cuando la mala suerte ataca, nos desmoralizamos demasiado. Reaccionamos de una manera que no es útil.

La Ley de Murphy nos aconseja no depender demasiado de la suerte, ya que hay tantas probabilidades de que las cosas salgan mal como de que salgan bien. La Ley de Mitchell nos aconseja no depender demasiado de nuestro control sobre los eventos, ya que el control es menor que lo que pensamos.

La combinación de ambas leyes nos dirá: No se debe entrar a una situación sin saber lo que haríamos en caso de que salga mal.
 
Este es el pesimismo de los afortunados.

Por último para acabar con este enorme post sobre la suerte y la diosa fortuna no me queda más que coronar el trabajo de Max Gunther con esta afirmacíón:

Si algo sale bien, no hay que discutir. Cuando la buena suerte nos aleja del camino principal, hay que seguirla. La vida es resbalosa, no importa como se la maneje. El control perfecto es una ilusión.

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