miércoles, 7 de mayo de 2008

El maestro Ehecatl


-Mexico significa en el ombligo de la luna, ¿no profesor?
-¿Donde leiste eso?, ¿En el Encarta?




Estas fueron las primeras palabras que intercambie con el maestro Ehecatl.


Corria el año de 2002, cuando me meti por curiosidad a la clase de cultura nahuatl que recién habian abierto en la Facultad de Ciencias Politicas y Sociales de la UNAM. El profesor de nahuatl era de estatura baja, delgado, vestido sencillamente, y con un aspecto de huelguista del CGH. Mi interes por la cultura antigua mexicana habia tenido resonancia desde que estaba en la secundaria. Habia leido Azteca, y queria comprobar cuanta veracidad habia en la novela. Estaba tomando muchisimos cursos sobre cinematografia y no tenia tiempo para tomar el curso de nahuatl. Ese dia tuve curiosidad por saber de que hablaba el profesor, y me escape de una clase para entrar. Como todo primer encuentro, no tuvo una gran significado hasta mucho despues.

Pasado un semestre decidi ingresar de lleno al taller. Esta vez vi al profesor ricamente ataviado con su ropa tlaxcalateca. Este rasgo del profesor fue una especie de efecto karmatico para la ciudad de Tenochtitlan. Gracias a los tlaxcaltecas, la invasión española fue un exito. Ahora, los habitantes de ese estado regresaban a reculturizar la ciudad. El maestro Ehecatl cumplio una misión muy importante dentro de la universidad, al llevar una visión de pueblo, de raíz no academica, la visión de los pueblos antiguos.

El maestro Ehecatl hablaba desenfrenadamente sobre la cultura mexicana. No solo explicaba, sino que a la vez hacia una tragedia comica de cada evento de la historia del país. Curiosidades de Mexico, como la fundación de Cuernavaca y la pesima pronunciación española para nombrar de forma correcta el lugar "Cuanahuac". Mitos y leyendas de la conquista del pais eran llevados de la boca del profesor, del chiste a la burla, de la burla al coraje, y del coraje al intelecto que le revelaba como reaccionar ante lo que ocurrido.

-El nombre de Mexico es algo mucho mas profundo...

El mundo se me revelaba mucho mas complejo de lo que habia leido en mis escasas lecturas de estudiante de primeros semestres. Cada clase me dejaba un asombro ante la tierra sobre la cual estaba parado que mi interes por ella desperto al instante. Tenia compañeros de clase que grababan cada clase que impartia el maestro Ehecatl. Muchos estaban impactados ante la información de los pueblos antiguos. Cosas como los dioses, los sacrificios, las costumbres. Todo el mito que cargabamos en nuestras cabezas, implantado por la educación y referencias academicas que habiamos obtenido vagamente en nuestra eduación anterior. Ahora abrazabamos a los antiguos con cariño y sobre todo con muchisimo respeto.

Paso el semestre, y el maestro Ehecatl nos invito a un viaje a su tierra natal. Planeaba llevarnos a un temazcal tipico del lugar, ademas de acampar en un lago que tenia una gran semejanza con la antigua Tenochtitlan. Este pequeño viaje fue el inicio de una travesia por el dolor y el conocimiento. El temazcal nos habia dejado con un dolor increible de cabeza. Y al dia siguiente subiriamos una de las cumbres mas altas del pais: la Malinche o Matlalcueytl. Aun recuerdo la gran dificultad que padeci para subir a la punta. Habia pasado una noche sumamente fria en la montaña, con una cobija muy delgada y un intenso de dolor de cabeza. Al despertar en la mañana, teniendo el cuerpo entumecido y un hambre matutina, el maestro Ehecatl nos pidio que nos levantaramos para empezar la subida hasta la cumbre. Durante 6 horas estuve ascendiendo el vertiginoso camino de la Malinche. Tan solo con dos barras de chocolate y una botella de agua, estaba pasando por uno de los momentos mas fuertes de mi vida. Una vida citadina, una mala preparación fisica para la ascención al lugar, y una vestimenta que incluia unos huaraches en donde se me acumulaba una enorme cantidad de piedras que me abrian heridas en cada paso. Hubo momentos en donde habia desistido de llegar a la cima. Me habia quedado en una piedra acostado, pensando que mis energias se habian agotado e iba a quedar ahi para siempre.


- Sube muchacho sube...


Las palabras del maestro Ehecatl sonaron en mis oidos en los momentos mas indicados. Mi profesor habia regresado a dejar a su pequeña hija al campamento a medio camino, y estaba de vuelta para llegar a la cima. Me dio animos para que lo siguiera y llegaramos al final del camino.

Estando en la punta. El maestro Ehecatl y un muy querido amigo estabamos a punto de hacer un ritual antiguo conocido como "saludo a los cuatro puntos del universo" en donde minutos antes habiamos sido victimas de la burla de otros mexicanos y extranjeros que nos habian visto hablar en nahuatl en la punta de la montaña. Un dolor insoportable, un hambre enfermiza y una sensación de estar en el techo del mundo fueron las cosas que pasaban por mi cabeza en aquellos momentos. Pero hablar en el idioma de los antiguos habitantes del valle central de Mexico, mas la emoción de regresar una costumbre enterrada a la vida, y claro el orgullo de conocerla gracias al maestro Viento, eran motivo suficiente de orgullo. Orgullo que me hizo pararme en la piedra mas alta de la montaña con un brazo en señal de saludo a los cuatro rumbos del universo, los cuales parecian responder con su eco. Al finalizar, el silencio de los otros escaladores de montaña, con una gran cantidad de equipo y protección nos miraban con asombros. Pasamos de ser los pobres indios sucios y pendejos, a los portadores de un gran respeto por la tierra, todo esto, según las mismas personas que se burlaron al principio.

El caracol de quetzalcoatl resonó en la punta de la Malinche. Nombre dado a una mujer que habia colaborado casi decisivamente en la caida de los pueblos antiguos. Ahora estando en su cumbre mas alta, le habiamos anunciado a todo el universo, que el despertar del Mexico antiguo estaba en marcha...

Y el maestro Ehecatl comenzó mi entrenamiento...


Continuará...


1 comentario:

Anónimo dijo...

Orale! que padre está tu relato, como siempre logras crear una reflexión y nuevo aprendizaje en los lectores.

Peo ya quiero la siguiente parte...